Otro Compañero se ha unido a los Masones del Arco Real del Capítulo “Semper Fidelis 36”

Algunos miembros del Capítulo del Arco Real, Semper Fidelis 36

En nuestra última reunión, de nuevo hemos tenido una exaltación al Arco Real de Jerusalén. En esta ocasión se trata del abogado y escritor palentino, Guillermo de Miguel Amieva, que después de muchos años en su logia “Paz y Conocimiento 119”, del Rito Escocés Antiguo y Aceptado en Palencia, ha decidido extender su actividad masónica al Arco Real, que es el grado masónico que complementa y completa el grado de Maestro Masón.

Jesús Gutiérrez y, a la derecha, Guillermo de Miguel

La ceremonia, con su natural belleza y profundo simbolismo, se desarrolló con toda perfección en nuestro habitual y fraternal ambiente masónico. A continuación disfrutamos del ágape y de esa especial forma de contar las cosas que tiene nuestro nuevo compañero, explicándonos, con literaria prosa, sus impresiones sobre su experiencia, todas ellas muy enriquecedoras y en las que apreció un excelente filón para la investigación histórica y de todos sus símbolos.

Nuestro Capítulo de los Masones del Arco Real de Jerusalén, “Semper Fidelis 36”, podríamos decir que es una extensión de la Logia de Emulación, “Semper Fidelis 150”, de Torrelavega, si bien hay miembros de distintas provincias del norte de España. Tenemos compañeros del País Vasco, Asturias, Galicia y ahora también de Castilla-León, con nuestro nuevo exaltado.

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Mandil de los Masones del Arco Real de Jerusalén

Nueva exaltación en el Capítulo del Arco Real, Semper Fidelis 36, al Oriente de Torrelavega

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El Santo Arco Real de Jerusalén es el complemento del grado de Maestro Masón. Se trata de uno de los más antiguos grados colaterales de la masonería.

La más pura y antigua masonería únicamente se compone de tres grados: Aprendiz, Compañero Masón y Maestro Masón, y hasta que no se accede a la Orden Suprema del Arco Real no se completa el camino masónico.

En Torrelavega (Cantabria) tenemos la sede del Capítulo del Santo Arco Real de Jerusalén, Semper Fidelis 36, y en nuestra última reunión, como últimamente viene siendo habitual, de nuevo hemos celebrado una Exaltación, es decir, de nuevo hemos celebrado la admisión de un nuevo Maestro Masón.

La esencia individual de la Masonería

VH Jorge Mejía, febrero 2017

INTRODUCCIÓN

Darle estructura a este tema es como definir el cauce de un río por la cantidad de centímetros cúbicos que contiene en las distintas partes su recorrido. El río es el que es en su totalidad, puede tener un recorrido donde se manifieste con apacibilidad y otras veces con furia. Su movimiento es constante y eso es lo que le hace ser río. No se compara con otros ríos, él sabe que su origen es el mismo que el de cualquier río. Que fluye exactamente igual que cualquier río. Tampoco le importa saber dónde y cuándo desembocará. Su esencia siempre será y “su manifestación” ya sea en río, mar, nieve o lluvia, es lo de menos. Siempre ES, porque ese es su atributo. Su recorrido es sólo una experiencia más de muchas que ha tenido, tiene y tendrá.

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LA ESENCIA INDIVIDUAL DE LA MASONERÍA

Antes de ingresar en Masonería se nos pide y se nos supone ser hombres libres y de buenas costumbres. Con las entrevistas se entrevé, por ambas partes que esto es así. Evidentemente nosotros escogemos entrar en la Orden pensando que somos “libres” por tomar esta decisión. También nos suponemos “de buenas costumbres” ya que respetamos lo establecido como social y como honorable.

Una vez iniciados, sobre todo en Emulación, nos damos cuenta que habíamos presupuesto que se nos darían pautas, pistas o incluso las piezas que necesitábamos para armar el puzle que es nuestro camino interior.

Al suponer esto ¿pensamos que somos libres? Esperar que otros nos den pautas, tratados, corrientes de pensamiento, etc., es esperar algo concreto para integrarlo en nuestra experiencia de vida. Pero esa experiencia ya no es la tuya, es la de “otros”.

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En Masonería compartimos experiencias con gente muy valiosa, con personas que recorren un camino interior en consonancia al nuestro, es decir, que vibramos en frecuencias afines que modulan sin salirse (como se diría en música) de una tonalidad principal.

Pero de igual manera podemos compartir experiencias interiores con personas que no pertenecen a la Orden, con gente tan cotidiana como puede ser el cartero, la cajera de la tienda, el barrendero, el taxista y todo tipo de personas con las que interactuamos a diario, incluso con el guardia que nos pone una multa.

Todas las experiencias que se nos presentan en la vida son para aprender, para avanzar. Pero tenemos algo que nos lo impide ver con claridad, y es el ego. El ego no nos deja ser libres, siempre necesita de algo o de alguien para ser él. Pero nosotros no somos él, nos servimos del ego para expresarnos en la dualidad, en esta experiencia de vida, pero es sólo una herramienta. El ego necesita estar en todas partes, llevar el control de todo en nuestra vida, incluso regula nuestras emociones y pensamientos.

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El ego no nos deja vibrar en la tonalidad que nos corresponde. El ego desafina continuamente nuestra obra musical, es tan ruidoso que nos hace creer que realmente su “música” es la melodía que define nuestra vida. Limitamos así la atención al contenido de la vida, de la forma, de los objetos.

Llega un momento en que nos damos cuenta que estamos mal, sentimos que estamos en un camino que no es el nuestro, que nuestra melodía interna es una “composición de otros”.

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En esa coyuntura es cuando realmente la Masonería se convierte en el fundamento para nuestro avance espiritual. Te da las Herramientas, te permite usarlas según tu sensibilidad y acabas convirtiéndote en un artista que se expresa tal como es, libre y auténtico. Pero, como en más de una ocasión me habéis escuchado decir, si buscamos contrapartidas, por más herramientas que tengamos a mano, no avanzaremos ni un centímetro en ese camino interior, solamente conseguiremos mandiles y más mandiles, seguiremos siendo cautivos de nuestro ego. Un astuto ego que se disfrazó de intelectualidad, de alegorías y de simbolismo.

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Una cosa es comprender y compartir lo que la Masonería nos aporta, escribiendo y escribiendo sobre esto o aquello y otra, es “vivir la Masonería”. Vivirla es ser tu propia causa, es mostrarte tal como eres, sin máscaras, sin fantasías, sin lucubraciones. El ego no puede separarnos de los demás, sin embargo lo hace bajo el velo de un amplio abanico de sistemas de creencias, muy golosas que hacen que te conviertas en el rehén de ti mismo haciéndonos creer que valemos por lo que tenemos, por lo que somos, por lo intelectuales que parecemos, por lo que deseamos y por todo aquello que nuestra mente hace que nos mantengamos en un estado de alerta, de que siempre hay algo más, de alcanzar objetivo tras objetivo, pendientes de un futuro que nunca llegará, lo cual desemboca en que nos percibamos como individuos aislados del resto. Pero el ego, como expuse antes, es la herramienta con la que nos expresamos y sin embargo tratamos de doblegarlo, de someterlo cuando realmente es la base de la intuición, es la mejor herramienta para que nos podamos comprender. La intuición fluye constantemente, pero nuestra mente basada en la lógica, le pone zancadillas. Estos obstáculos son consecuencia de la negación de nuestra parte más profunda, de la que nadie nos habla, de la que sentimos, pero al no estar acostumbrados a ella, la buscamos fuera, pensando y casi siempre inducidos a que la respuesta la tienen otros, delegándoles así, las riendas de nuestra vida.

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En Masonería nos percibimos como un colectivo de personas que compartimos una búsqueda interior fuera de los convencionalismos. No somos especiales, somos buscadores que intentan superarse a sí mismo sin destacar. En el Arco Real tenemos representada esta búsqueda de una manera tan manifiesta que es inevitable que te veas reflejado a ti mismo. Lo único que te puede limitar es tu sistema de creencias, negándote la interpretación intuitiva de esta vivencia, lo que hace que te desconectes de ti mismo, es decir, de tu esencia.

El ego no solo nos separa de los demás, también nos predispone a juzgarles. Pero recuerda que cuando juzgas a los demás no los defines a ellos, te estás definiendo a ti mismo. En Masonería hay una frase que se puede interpretar de esta manera “Cuando veas algo bueno en los demás, alégrate, pero cuando veas algo malo en los demás, alégrate el doble pues esa persona al ser un espejo de ti mismo, te está diciendo qué debes de trabajar, qué arista de tu piedra debes desbastar o pulir.”

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Lo mismo ocurre cuando somos juzgados por los demás. Si eso te afecta es que no has entendido que esas personas no te juzgan a ti, se están definiendo a sí mismas. Lo que debemos hacer es respetar su pensamiento, respetar su proceso de vida y, al hacerlo el ego se debilita, se pone enfermo, necesita atraparte en otros pensamientos, en otras emociones, en otras incertidumbres, de lo contrario colapsará. Recuerda que una emoción es la reacción del cuerpo a un pensamiento. Si poco a poco vamos calmando nuestros pensamientos, las emociones irán igualmente desvaneciéndose y cuando comienzas a experimentar esto, comienzas a ser libre, pero ¿libre de qué?, sencillamente “libre de ti mismo.”

¿A quién le preocupa tanto el cómo nos ven los demás? ¿A quién le preocupa tanto el cómo te valoran los demás? ¿A ti? ¿A tu ego? Cómo esperas aprender algo nuevo si no te has observado a ti mismo.

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En “Semper Fidelis” aprendemos constantemente ya que cada Hermano nos aporta una experiencia. Llevamos 10 años como Logia, manifestándonos como Logia. Estamos haciendo Masonería aceptándonos como somos, queriendo a un Hermano por ser como es, por como piensa, por como se manifiesta. No le juzgamos, simplemente le aceptamos como uno más, como parte de este sistema tan peculiar que llamamos Fraternidad. La Fraternidad es permitir que el otro sea como es, unidos en una intención, la de ser mejores a través del otro, que es el mejor maestro que podamos tener.

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Permitir al prójimo ser, es todo un arte. Es una manifestación interior. No se estudia en ninguna universidad, en ninguna escuela de misterios. Nace de una conexión con todo y con todos. Fijaros que Emulación es “abrir y cerrar”. No tiene más gracia que esa. Sin embargo posee una vivencia muy profunda, una vivencia espiritual que se manifiesta cuando se siente. ¿Cómo?, a través de la aceptación, de no sentirnos separados, de venir a trabajar, cada uno en su Oficio sencillamente porque nos apetece, porque sentimos que es así, porque sabemos que todos aprendemos de todos. Eso es trabajo en común, o mejor dicho Fraternidad en el trabajo. Evidentemente esto también se refleja en el ágape, en las reuniones de los jueves y en todos los actos en los que participa la Logia. No hay más que echar un vistazo a nuestra web para constatar estas actividades.

“Semper Fidelis” es un claro ejemplo de que se puede hacer Masonería día a día. No hay resistencia, no hay oposición a la abundancia que se manifiesta dejando a los demás ser como son. Nos sentimos bien y en consecuencia generamos una atmósfera de armonía que nos ayuda a avanzar en ese camino interno. No nos etiquetamos ya que esas diferencias solo las percibe quien las hace.

El problema de muchas Logias no es ni el rito ni las personas, son nuestros “egos” que se manifiestan, o más bien que permitimos que se manifiesten. Es un trabajo individual que reflejamos en los demás. Si no trabajas tu piedra ¿qué esperas manifestar? Puedes haber leído muchos libros, seguir a tal o cual autor, identificarte con tal o cual filosofía, con todos los clásicos que quieras, pero, si no te lo aplicas a ti mismo, no sirve de nada. Puedes seguir con fervor una filosofía, pero sigue siendo algo externo a ti. Si la sientes desde el corazón, sencillamente la integras pero no te conviertes en ella. Cuando nos preguntamos ¿por qué mi Logia no fluye? ¿Cuándo mejorarán las cosas? Pienso que la pregunta correcta es ¿Por qué no dejo fluir a los demás? ¿Cómo hago para mejorarme a mí mismo a través de los demás? Así como consideras a los demás es cómo te consideras a ti mismo. Si te consideras diferente, entonces habrá diferencias. Si te consideras especial, entonces habrá divisiones. Si consideras que tu idea de la Masonería es la auténtica y verdadera, entonces tu Logia tiene los días contados.

Cuando era Aprendiz un Hermano me dijo una frase que en ese momento me sedujo tanto que se me quedó grabada: “El hombre sabio es aquél que piensa todo lo que dice y no dice todo lo que piensa”. Hoy, desde mi perspectiva la sabiduría de ese hombre era una máscara del ego. Este hombre sabio no tiene coherencia entre lo que siente, lo que piensa y lo que dice. Guardarse cosas para sí, es estar en desarmonía consigo mismo. ¿Qué sentido tiene guardarse algo para sí mismo? ¿Creer que se es mejor o que se sabe más por ello? ¿Lo guarda para cuando se presente la ocasión? ¿Lo hace por prudencia? ¿Por guardar las formas? ¿Por tener un estilo? ¿Por buscar un lenguaje más reservado? Esta actitud solo refleja cómo te percibes. Aunque también podría ser que en nuestras palabras se puede desatar algún tipo de efecto sobre los demás, no obstante eso sólo tu corazón te lo puede indicar cuando habla a través tuyo, pero ¿y si no sabes escucharlo? Somos el resultado de nuestra forma de sentir, pensar, hablar y actuar. Cuando hay esta coherencia, fluyes en un proceso creativo de transformación constante, sin limitaciones. El río es el que es, no se guarda nada para sí mismo.

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El diálogo interior es la mejor herramienta, pero debemos de discernir quién utiliza este diálogo, ¿mi ego? o mi yo profundo. Si encontramos autocomplacencia en este diálogo, entonces sabremos que es el ego el que se manifiesta. Pero si nos proponemos crear en nuestra vida lo que el corazón nos pide, siendo transparentes, sin recelos, entonces seremos realmente nosotros. La línea es muy sutil ya que el ego es un maestro en el arte de confundir pero no puede cuando el corazón te indica un camino. ¿Cuál es ese camino?

Realmente el camino no existe. Es el sentido que le das a tu vida. No es algo que se encuentre. Es cómo transitas por la vida. Tú eres el camino y tu ego siempre te pone carteles de salida muy atractivos para que te salgas de la ruta. Depende de ti si haces caso o no. Tuya es la decisión y siempre lo será. La mente es la voz del ego, el corazón es la voz del espíritu. Cada uno de los casi ocho mil millones de seres humanos que habitamos este planeta tiene un camino, un propósito en la vida. Nadie está aquí porque la cigüeña se equivocó de planeta. En la Kabaláh se dice que “el hombre es un gran mundo y el mundo es un pequeño hombre.” En Masonería podríamos decir que el mundo es como una Logia y una Logia es como el mundo. Si vivimos en armonía, aceptando a los demás como son, entonces tu camino se inspirará en ir a tu interior y conectarte con tu esencia que, en definitiva es volver a ser el Ser espiritual que siempre has sido. Estamos en este mundo para eso. Lo demás, son condicionamientos.

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Evidentemente solo tú decides si quieres seguir con estos condicionamientos o si quieres generar algo nuevo. La zona de confort es muy golosa pero retrasa bastante tu experiencia de vida, o en otras palabras, tu proceso de aprendizaje. ¿Cuál es el impulso de este aprendizaje? “La espiritualidad.”

La espiritualidad si no se percibe, siempre será teórica. El camino teórico es complejo ya que el ego nos induce constantemente a centrarnos en lo visible, en lo tangible. Pero estas distracciones son una formidable herramienta para, con un esfuerzo sincero, tomar conciencia que el camino espiritual es interno, en la intimidad con uno mismo, sintiendo a cada momento lo que el corazón nos dicta y seguir esa tracción sin darle un contenido mental. Nada hay fuera, todo está dentro de ti. Curiosamente, cuando te sientes, te conectas con tu entorno que al igual que tú, en ese instante está “sintiendo”, no pensando.

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Hablar de Masonería es difícil ya que no deja de ser un sistema. Pero en esta exposición hablo de lo que la Masonería me ha aportado, es decir, expresando lo que de ella, en un proceso evolutivo, he integrado. Como en más de una ocasión hemos escuchado: “la Masonería no te aportará más de lo que tú no quieras aportarte a ti mismo”.

En este mundo de dualidad un río se puede manifestar en cualquier parte del planeta para experimentar las condiciones que necesita en su aprendizaje.

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Prepararnos mediante un trabajo profundo, aprender  a liberarnos de los factores externos como miedos, las culpas, los vínculos, dependencias, sistemas de creencias; en definitiva de los anclajes que se manifiestan. Si tú quieres encontrarte contigo, esto es lo primero que te encontrarás y por propia experiencia es muy difícil reconocer si quien enfrenta estas situaciones eres el tú manifestado en una personalidad o el tú que aprende en cómo afrontar, desgajar, superar e integrar todas estas experiencias.

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Es como si estuvieras caminando por un túnel sombrío, con la mirada puesta en la luz que distingues al final, pero de repente (por poner un ejemplo) tropiezas con la arista de una piedra y caes. Sin embargo, como sigues percibiendo esa luz, te levantas y procuras prestar más atención al camino para no volver a tropezar con ese obstáculo que ya conoces y que seguramente volverás a encontrar. Estás concentrado en un obstáculo con volumen y no te das cuenta que acabas de pisar una mancha fangosa, resbalando y cayendo nuevamente. No obstante te vuelves a levantar, rectificando tu estado de alerta. Has aprendido que un obstáculo se manifiesta en distintas formas, que cada uno te ha proporcionado experiencias. Con este trabajo constante, la dinámica de lo visible parece que lo has superado, caminas entonces tranquilo y con confianza. Sin embargo al dar uno de tantos pasos, resulta que a pesar de ver el camino llano, pisas un agujero lleno de agua que por la penumbra disimula ser parte del camino y acabas tropezándote, cayendo otra vez. Menuda sorpresa te llevas, te recriminas a ti mismo “por qué bajé la guardia, por qué no fui capaz de percibir aquello”.

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Te entra la desconfianza, la duda de poder llegar a conectar con tu luz, con tu esencia. Es en ese momento cuando te percatas que hay compañeros de viaje, con sensibilidades como la tuya, que vibran en la misma frecuencia, que su camino es paralelo al tuyo, que no estás solo. Los consejos que te dan y que les das son afines a las experiencias vividas por todos. Esos consejos no solo te animan a seguir adelante, también tomas conciencia que “compartir” era la parte que te faltaba para fusionarte a esa luz, una luz de la que también tus compañeros de viaje a su manera, forman parte, potenciando así ese cambio interior del que ya eras consciente.

Sales de ese túnel con la conciencia de unidad de que ahora el camino es compartido y que unidos por una frecuencia análoga, has dado el siguiente paso evolutivo, que sólo puede darlo la Humanidad en su conjunto, una Humanidad representada por un nuevo río donde sus aguas nacen de la experiencia de todos, fluyendo ahora en la conciencia de la Unidad, una mente colectiva sin limitaciones, recorriendo apaciblemente su camino en una nueva tierra, más fértil y con nuevas expectativas creadas a través de nuestro potencial manifestador.

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En el Arco Real tenemos esta toma de conciencia en un viaje personal y en la ayuda mutua. Por algo nos designamos Compañeros.

Cuando nos movemos desde el ego parece que somos diferentes pero cuando logramos conectar con acompañantes que vibran en la misma frecuencia se crea vínculo de resonancia y surge la realidad de quienes realmente somos, del potencial que realmente tenemos en nuestro interior, de haber derribado todos esos obstáculos, de traspasar los velos que como filtros, ocultaban nuestras capacidades, completando así un proceso evolutivo. En definitiva, pasar de un nivel de consciencia a otro.

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Gandhi dijo: “Tienes que convertirte en aquello que quieres que el mundo sea”.

¿Qué tipo de río deseas ser?

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La decisión es tuya…

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Una Visita a la Logia Northern Heights, donde también trabaja nuestro V.H. Sabino

Northern Heights Lodge Nº 989, of Royal Arc Mariners

Northern Heights Lodge Nº 989 of Royal Arc Mariners

Nos hacemos eco de este artículo ya que un Hermano de nuestra Logia, el V.H. Sabino, aparte de ser miembro y pasado Venerable Maestro en ambas Logias, es también Miembro Fundador de Northern Heights Lodge Nº 989 of Royal Arc Mariners (Province of Surrey).  Sigue leyendo

Consagración del Capítulo Semper Fidelis nº 36 del Santo Arco Real de Jerusalén

En la mañana del sábado 18 de octubre de 2014 fue consagrado el Capítulo del Santo Arco Real de Jerusalén “Semper Fidelis nº 36”

1536424_295084487363624_8546988814423920411_nEste nuevo Capítulo es el número 36 del Supremo Gran Capítulo de España de los Masones del Arco Real de Jerusalén y trabajará en Torrelavega Sigue leyendo