El artículo del cardenal Gianfranco Ravasi en Il Sole

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Il Sole 24 Ore    (Dominical – 14/02/2016 – pag. 29)

Articolo-di-Gianfranco-Ravasi (original en italiano)

La Iglesia & la Logia

Queridos Hermanos Masones

Más allá de las diferentes identidades, no faltan los valores comunes; comunitarismo, beneficencia y lucha contra el materialismo.

By Gianfranco Ravasi

Leía hace algún tiempo en una revista americana que la bibliografía internacional sobre la masonería supera los cien mil títulos. A este interés contribuye, ciertamente, el aura de secretismo y de misterio que, con más o menos razón, envuelve en una suerte de niebla a las diferentes “obediencias” y “ritos” masónicos, por no hablar además de su misma génesis que, según la historiadora Frances Yates, “es uno de los problemas más discutidos y discutibles en todo el campo de la investigación histórica” (curiosamente, el ensayo de esta estudiosa estaba dedicado al iluminismo de los Rosacruces, traducido por Einaudi en 1976). No queremos, obviamente, adentrarnos en este piélago de “logias”, de “orientes”, de “artes”, de “afiliaciones” y de denominaciones, cuya historia está a menudo enredada -para bien y para mal- con la política de muchas naciones (pienso, por ejemplo, en Uruguay, donde he participado recientemente en varios diálogos con representantes de la sociedad y de la cultura de tradición masónica), así como no es posible trazar lineas de demarcación entre la auténtica, la falsa, la degenerada o la para-masonería, así como los diferentes círculos esotéricos o teosóficos.

Arduo resulta también dibujar un mapa que represente un universo tan fragmentado, por lo cual tal vez se puede hablar de un horizonte y de un método, más que de un sistema doctrinal codificado. Dentro de este espacio fluido se encuentran algunos espacios  suficientemente delimitados, como una antropología basada sobre la libertad de conciencia y de intelecto y sobre la igualdad de derechos, así como un deísmo que reconoce la existencia de Dios, dejando sin embargo inconcreta la definición de su identidad. Antropocentrismo y espiritualidad son, por lo tanto, dos caminos suficientemente marcados en un mapa muy variable e inconcreto que no somos capaces de esbozar de manera rigurosa.

Nosotros, no obstante, nos contentamos con señalar un interesanteconstitutions opúsculo que tiene un objetivo muy concreto, el de definir la relación entre la Masonería y la Iglesia católica: Entendámonos; no se trata de un análisis histórico de esta relación ni de las eventuales contaminaciones entre estos dos sujetos. Es, de hecho, evidente que la masonería ha asumido modelos cristianos incluso a nivel litúrgico. No se debe olvidar, por ejemplo, que en el siglo XVII muchas logias inglesas reclutaban miembros y maestros entre el clero anglicano, tanto es así que una de las primeras y fundamentales “constituciones” masónicas fue redactada por el pastor presbiteriano James Anderson, muerto en 1739. En ella, entre otras cosas, se afirmaba que “un adepto no será nunca un ateo estúpido ni un libertino irreligioso”, incluso si el credo propuesto era, al final, el más difuso posible “aquel que corresponde a una religión sobre la que todos los hombres están de acuerdo”.

Actualmente, la oscilación de los contactos entre Iglesia católica y masonería ha tenido  movimientos muy variados llegando a una hostilidad evidenciada de una parte por el anticlericalismo y de otra parte por la excomunión. De hecho, el 28 de abril de 1738 , el papa Clemente XII, el florentino Lorenzo Corsini, promulgaba el primer documento explícito sobre la masonería, la encíclica apostólica In eminenti apostolatus specula, en la cual declaraba “se debe condenar y prohibir…dichas Sociedades, Uniones, Reuniones, Asambleas, Congregaciones o Conventículos de Francmasones o cualquier otro nombre con el que den en llamarse”. Una condena reiterada por los sucesivos pontífices, desde Benedicto XIV hasta Pío IX y León XIII, que afirmaba la incompatibilidad entre la pertenencia a la Iglesia católica y la obediencia masónica, Lapidario era el Código de Derecho Canónico de 1917, cuyo canon 2335 rezaba: “Quien se inscribe en la secta masónica o en otras asociaciones del mismo tipo que conspiran contra la Iglesia católica o contra las legítimas autoridades civiles, incurren ipso-facto en la excomunión reservada expresamente por la Santa Sede”.

El nuevo código de 1983 suavizó la fórmula, evitando la referencia explícita a la masonería, conservando la esencia de la pena orientada en un sentido más genérico hacia “quien da nombre a una asociación que conspira contra la Iglesia” (cánon 1374). Pero el texto eclesiástico más articulado  sobre la inconciliabilidad entre la adhesión a  la Iglesia católica y a la masonería es la Declaratio de associationibus massonicis emanada de la Congregación vaticana para la Doctrina de la Fe el 26 de noviembre de 1983 con la firma del Prefecto de entonces, el Cardenal Joseph Ratzinger. Esta precisaba puntualmente el valor del aserto del nuevo Código de Derecho Canónico corroborando que permanecía “inmutable el juicio de la Iglesia en lo referente a las asociaciones masónicas porque sus principios siempre han sido considerados inconciliables con la doctrina de la Iglesia y por ello la inscripción en ellas permanece prohibida”.

El opúsculo al que ahora hacemos referencia es interesante porque incluye – más allá de una introducción del actual Prefecto de la Congregación, el cardenal Gerhard Müller – dos artículos comentando esta Declaratio publicada entonces por el “Osservatore Romano” y por la “Civiltà Cattolica” así como dos documentos de otros tantos obispados locales, la Conferencia episcopal alemana (1980) y la de Filipinas (2003). Se trata de textos significativos porque afrontan las razones teóricas y prácticas  de la inconciliabilidad entre masonería y catolicismo, como los conceptos de verdad, de religión, de Dios, del hombre y del mundo, la espiritualidad, la ética, la ritualidad, la tolerancia. En particular es significativo el método adoptado por los obispos filipinos, que articulan su discurso por medio de tres trayectorias; la histórica, otra más especificamente doctrinal y  la que emana de las orientaciones pastorales. Todo se desglosa según el estilo catequético en base a preguntas y respuestas: estas son 47 y permiten entrar también en detalles como la ceremonia de iniciación, los símbolos, el uso de la Biblia, la relación con las otras religiones, el juramento de fraternidad, los grados jerárquicos y todo lo demás.

Estas declaraciones de incompatibilidad entre la pertenencia a la Iglesia y a la masonería no impiden, sin embargo, el diálogo, como se afirma explícitamente en el documento de los obispos alemanes que ya entonces enunciaban ámbitos específicos de comparación, como la dimensión comunitaria, la beneficencia, la lucha contra el materialismo, la dignidad humana, el conocimiento recíproco. Se debe, además, superar la actitud de ciertos sectores integristas católicos que – para atacar a algunos representantes jerárquicos de la Iglesia que no son de su agrado – recurren a acusarles de pertenencia a la masonería.

En conclusión, como escribían ya los obispos alemanes, es necesario ir más allá de “la hostilidad, el ultraje, el prejuicio” recíprocos, porque “respecto a los siglos pasados, hemos cambiado y mejorado el tono, el nivel y el modo de manifestar las diferencias, que permanecen claramente.

Respuesta de la Gran Logia de España a la invitación al diálogo del cardenal Ravasi

Gran Logia de España

(Gran Inspección de Comunicación, Gran Inspección de Relaciones Institucionales, V.B. Gran Maestro, Gran Logia de España).- Hace unas semanas, el cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Colegio Pontificio para la Cultura, publicaba un artículo titulado “Queridos Hermanos Masones” en el que invitaba al diálogo entre la Masonería y la Iglesia Católica basado en los valores comunes de ambas instituciones.

El gesto es de una enorme valentía. El reconocimiento desde el corazón de la Curia Romana de una intersección de principios en el sentido comunitario, la beneficencia, la lucha contra el materialismo o la defensa de la dignidad humana encierra el reconocimiento implícito de la bondad de nuestros principios. La Masonería arrastra dos grandes leyendas negras, las del contubernio en nuestros fines y la rareza en nuestros ritos, generadas respectivamente por las dos masofobias que hemos conocido, las del totalitarismo político y el integrismo religioso. En ese contexto, las palabras del cardenal suponen un reconocimiento a la nobleza de nuestros fines, sin entrar en el segundo asunto.

El diálogo entre la Iglesia Católica y la Masonería Española es un hecho desde hace varios años. En torno a 25 personas participaron en el último encuentro de tres días, celebrado en la Hospedería del Monasterio de Poblet, en un formato que permite profundizar en el mutuo conocimiento de dos instituciones que comparten su preocupación acerca de algunos de los desafíos que plantea el siglo XXI. Pero ese diálogo no puede limitarse a celebrar lo que nos une sino a explorar lo que nos hace distintos: la Iglesia Católica es una religión, la Masonería una escuela iniciática de virtud y sabiduría sin revelación alguna.

Sin duda, existe un “problema masónico” en la Iglesia Católica pero no existe un “problema católico” en la Masonería Universal, que insta a todos sus miembros a practicar con celo la religión que profesen. Nuestro Querido Hermano Kipling tiene un poema maravilloso, “My Mother Lodge”, en el que recuerda con nostalgia sus primeras tenidas masónicas en la India. El poema recorre uno por uno a sus Queridos Hermanos entre los que cita a “Castro, del taller de reparaciones que, por cierto, era católico romano”.

Castro, como millones de Queridos Hermanos antes y después, no sintió oposición alguna entre su Fe y la vivencia fraternal con todos los hombres que le propuso la Masonería. Cualquiera que quiera entender qué hacía Castro en aquellas reuniones debería leer el poema de Kipling. “Cada mes después de la Tenida nos reuníamos para fumar. No nos atrevíamos a hacer banquetes por miedo a forzar alguna norma de cualquier Hermano. Y hablábamos a fondo de Religión y de otras cosas. Cada uno se refería al Dios que conocía mejor, los Hermanos tomaban la palabra uno tras otro y nadie se inquietaba”.

La Masonería surgió en una Europa desangrada por guerras de religión como un espacio en el que superar los enfrentamientos que provocan nuestras diferencias religiosas o políticas para abrirnos a principios comunes capaces de construir otro mundo: la igualdad de todos los hombres, la fraternidad que nos debemos los unos a los otros y la mutua tolerancia al librepensamiento y la creencia. Hacerse masón es sumergirse en aquel espíritu tricentenario de la Ilustración que en el siglo XVIII nos trajo innumerables problemas con Roma, pero no debería ser un problema para la Roma del siglo XXI, que promueve su propio diálogo con otras religiones desde el respeto. La masonería no es otra religión con la que conversar sino el espíritu mismo de ese diálogo entre religiones que hoy es un valor para las distintas iglesias y ha sido siempre para nosotros un principio fundacional.

El cardenal extendió su mano fraterna llamándonos Queridos Hermanos, una condición que alcanza todo ser humano cuando entra en nuestra Orden. El Querido Hermano aprendiz, como en cualquier otra escuela iniciática, aspira a la virtud que reside en la maestría. Las escuelas iniciáticas promueven una auto transformación de quien ya desea ser mejor. Cuando aquel aprendiz sea reconocido maestro de maestros, elegido para dirigir los trabajos en la Logia a la que todos acuden, dejará de ser Querido Hermano. Su nuevo tratamiento, Venerable Hermano, significa lo mismo para la Iglesia que para la Masonería: alguien de una bondad blanca y sin mácula. Ese es el ideal masónico. Venerable Hermano Gianfranco, gracias por un gesto valiente que abre un espacio de posible concordia fraterna. Como todo Venerable, convocad los trabajos.

¿Quién es el cardenal Gianfranco Ravasi?

(Fuente: Infovaticana)

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Gianfranco Ravasi nació cerca de Milán el 18 de octubre 1942, su madre era una maestra de escuela y su padre un funcionario de Hacienda que sirvió en Sicilia durante la Segunda Guerra Mundial, pero más tarde desertó y desapareció durante 18 meses. Ravasi comentó en una ocasión que la ausencia de su padre en una etapa crucial de su vida pudo ser uno de los factores que le atrajeron hacia Dios Padre y la religión, en su búsqueda de permanencia y de seguridad.

Comenzó a aprender el griego después del quinto año de escuela primaria, por sí mismo, porque lo atraían demasiado – dice – “aquellas 64327 palabras que componen los cuatro Evangelios en lengua original”. Después vino el hebreo, y después una docena de otras lenguas antiguas y modernas.

Muy joven Ravasi decidió unirse al sacerdocio, en lugar de enseñar griego y latín clásicos, como había sido su deseo original. Estudió en el seminario de Venegono. Fue ordenado sacerdote el 28 de junio de 1966 y después la diócesis de Milán lo mandó a completar los estudios al Pontificio Instituto Bíblico, donde enseñaba su futuro arzobispo Carlo Maria Martini.

(…)

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Trabajó como profesor de exégesis veterotestamentaria en la Facultad de Teología del Norte de Italia, y es sobre este tema sobre el que ha escrito numerosos libros.

En 2005 Ravasi fue el principal candidato a convertirse en obispo de Asís, pero la Congregación para los Obispos retiró su candidatura por un artículo acerca de la Pascua que Ravasi había publicado en el periódico Il Sole 24 Ore, en el año 2002, en el que su declaración: “No ha resucitado, se ha elevado”, fue vista como potencialmente heterodoxa.

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Elegido Arzobispo titular de Villamagna di Proconsolare y nombrado presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, en sustitución del Cardenal Poupard, y presidente de la Comisión Pontificia para los Bienes Culturales de la Iglesia y de la Pontificia Comisión de Arqueología Sacra el 3 de septiembre de 2007.

Cuando en la vigilia de Navidad de 2009 Benedicto XVI lanzó la idea del “Atrio de los gentiles”, dijo inmediatamente cuál era su finalidad: “mantener despierta la búsqueda de Dios entre agnósticos y ateos, como “primer paso” hacia su evangelización”, pero delegó su ejecución en Ravasi, que debutó con la organización de un encuentro en París el 24 y el 25 de marzo de 2010 que tuvo un impacto notable. El mismo Benedicto XVI tomó parte en él con un mensaje de video dirigido a los jóvenes reunidos en la explanada de Notre Dame.

(…)

000-Ravasi5En noviembre de 2011 el cardenal Ravasi dijo que la predicación en las iglesias se había convertido en frases hechas y discurso aburrido y alertó de que se corría el riesgo de convertirse en “irrelevante”. Dijo que “El advenimiento de la información televisada y la informática nos obliga a ser convincentes y tajantes, para llegar al corazón de la cuestión, recurrir a las narrativas y el color”, agregó que “Tenemos que recordar que la comunicación de la fe no sólo llevará a cabo a través de sermones. Esto se puede lograr a través de los 140 caracteres de un mensaje de Twitter”. Es, de hecho, uno de los primeros cardenales en mantener una cuenta de Twitter.

Entre Cardenales italianos, Ravasi es de los más populares. Es desde hace diecisiete años una estrella del Canal 5, la tv estrella de Silvio Berlusconi, pero jamás ha asomado la cabeza en algún espectáculo frívolo. Su programa se llama “Las fronteras del espíritu”, que se emite el Domingo por la mañana sin que los spots publicitarios interrumpan jamás, por contrato, sus lecturas comentadas de la Biblia.

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000-Ravasi8Ravasi comparte la preocupación del Benedicto XVI por el diálogo fe-razón. “Los creyentes y los no creyentes somos todos habitantes de esta tierra y vamos a las mismas aulas universitarias”, dijo mientras añadía que “la mitad de mis amistades son gente no creyente”. Ante el Papa reflexionaba de que la fe se complementa con la razón: “la fe es el por qué, la ciencia es el cómo”.

En febrero de 2011 el cardenal Ravasi dijo que “el diálogo entre creyentes y no creyentes no debe limitarse a la búsqueda de un mínimo denominador común de acuerdo, sino que debe tratar de hacer frente a las preguntas fundamentales de la vida.”

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Creado cardenal diácono en el consistorio del 20 de noviembre de 2010, recibió la birreta roja y el título de San Giorgio in Velabro.

En la Curia, el cardenal Gianfranco Ravasi es miembro de la Congregación para la Educación Católica y de los Consejos Pontificios para el Diálogo Interreligioso y para la Promoción de la Nueva Evangelización.

 

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