"Escritos sobre ocultismo y masonería", de Fernando Pessoa.

FERNANDO PESSOA EN WIKIPEDIA

Fernando António Nogueira Pessoa (Lisboa, 13 de junio de 1888 — Lisboa, 30 de noviembre de 1935), más conocido como Fernando Pessoa, es uno de los mayores poetas y escritores de la lengua portuguesa y de la literatura europea.

Tuvo una vida discreta, centrada en el periodismo, la publicidad, el comercio y, principalmente, la literatura, en la que se desdobló en varias personalidades conocidas como heterónimos.


De día Pessoa se ganaba la vida como traductor. Por la noche escribía poesía. No escribía “su” propia poesía, sino la poesía de diversos autores ficticios, diferentes en voz, estilo y modos. Publicó bajo varios heterónimos (de los cuales los más importantes son Ricardo Reis, Alberto Caeiro, Álvaro de Campos y Bernardo Soares), e incluso publicó críticas contra sus propias obras firmadas por sus heterónimos. Habiendo vivido la mayor parte de su juventud en Sudáfrica, donde estudió durante su juventud, la lengua inglesa tuvo importancia en su vida, pues Pessoa traducía, trabajaba y pensaba en ese idioma.


La figura enigmática en que se convirtió motiva gran parte de los estudios sobre su vida y su obra.

Escritos sobre ocultismo y masonería.
Fernando Pessoa.
Introducción, traducción y notas de Florencia Preatoni.
EDITORIAL ALFAMA. Primera edición, 2008.
11,50 euros.

La masonería

Se inauguró la Asamblea Nacional, desde el punto de vista legislativo, con la presentación, por parte del diputado, del proyecto de ley sobre “asociaciones secretas”. De tal orden es el proyecto, tanto en su naturaleza como en su contenido, quien no hay que felicitar al actual Parlamento por haberle sido dada esa inauguración. Antes hay que decirle Absit omen!, o sea, en portugués, Longe vá o agouro!
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No hago, creo, ofensa al Sr. José Cabral en suponer que, como la mayoría de los antimasones, el autor de este proyecto es totalmente desconocedor del asunto Masoneria. Lo que sabe de él es hasta, quizá, peor que nada, pues, naturalmente habrán nutrido su antimasonerismo de la lectura de la prensa llamada católica, donde, hasta en las cosas más elementales en la materia, errores se acumulan sobre errores, y a los errores se junta, con mala voluntad, la mentira y la calumnia, sus señoras hijas. No creo que el Sr. José Cabral frecuente habitualmente los libros de Findel, Kloss o Gould, o que pase sus horas de ocio en la lectura atenta de Ars Quatuor Coronatorum o de las publicaciones de la Gran Logia de Iowa. Dudo, inclusive, de que el Sr. José Cabral tenga gran conocimiento de la literatura antimasónica -Barruel o Robinson o Eckert- tan admirable, por lo demás, desde el punto de vista humorístico. Ni habrá tenido quizá noción, siquiera de oído, del artículo célebre del Padre Hermann Grüber en la Catholic Encyclopedia, artículo citado con elogio en libros masónicos, y en que el doctor jesuita por poco no defiende la Masonería.
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No soy masón, ni pertenezco a ninguna otra Orden semejante o diferente. No soy, sin embargo, antimasón, pues lo que sé del asunto me lleva a tener una idea absolutamente favorable de la Orden Masónica.
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Comienzo en serio. Creo no errar al presumir que el Sr. José Cabral supone que la Masonería es una asociación secreta. No lo es. La Masonería es una Orden secreta o, con plena propiedad, una Orden Iniciática. El Sr. José Cabral no sabe, probablemente, en qué consiste la diferencia.
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La Orden Masónica es secreta por una razón indirecta y derivada -la misma razón por la cual eran secretos los Misterios antiguos, incluyendo los de los primitivos cristianos, que se reunían en secreto, para alabar a Dios, en lo que hoy se llamarían Logias o Capítulos, y que para distinguirse de los profanos, tenían fórmulas de reconocimiento: golpes o palabras de pase o lo que quiera que fuere. Por ese motivo los romanos los llamaban ateos, enemigos de la sociedad y enemigos del Imperio: precisamente los mismos términos con los cuales hoy los masones son llamados por los secuaces de la Iglesia romana, hija, tal vez ilegítima, de aquella masonería remota.
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Las Obediencias masónicas son potencias autónomas e independientes, pues no hay gobierno central de la Masonería, que es por eso menos internacional que la Iglesia Romana.

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