El Significado de la Masonería, de Walter Leslie Wilmshurst.

Ficha técnica:

Autor: Walter Leslie Wilmshurst
Traductor: Alberto Moreno Moreno
Título: El Significado de la Masonería
Colección: Serie Azul (Textos históricos y clásicos)
1ª edición, marzo 2010
ISBN: 978-84-92984-07-7
Depósito Legal: SE-1370-2010
Páginas: 240

DESCRIPCIÓN

En El Significado de la Masonería, Walter L. Wilmshurst aborda el contenido de la Iniciación tal y como se concebía en los Antiguos Misterios, en toda su amplitud espiritual y mística. El masón moderno contempla la Iniciación como una vaga invitación a la mejora personal, pero


desconoce el verdadero significado de esta ordalía cuando es llevada a sus últimas consecuencias espirituales. El autor analiza los grados de Aprendiz, Compañero y Maestro, así como la plenitud del proceso espiritual en el Santo Arco Real, trazando su genealogía desde los Antiguos Misterios y considerando el contenido simbólico y propósito de cada grado dentro del proceso de Regeneración. El Significado de la Masonería nos aproxima, en resumen, a la realidad de la genuina Iniciación.

ÍNDICE

Introducción
LA SITUACIÓN Y POSIBILIDADES DE LA ORDEN MASÓNICA
Capítulo I
EL SIMBOLISMO PROFUNDO DE LA MASONERÍA
Capítulo II
LA MASONERÍA COMO FILOSOFÍA
Capítulo III
SOBRE EL SIMBOLISMO MASÓNICO
La forma de la Logia
La situación de los Oficiales de la Logia
Las Grandes Luces y las Pequeñas Luces
Apertura y cierre de la Logia:
Grado de Aprendiz Entrado
Grado de Compañero
Grado de Maestro Masón
El mandil masónico
Oración para el cierre de la Logia
Capítulo IV
EL SANTO ARCO REAL DE JERUSALÉN
El Santo Arco Real de Jerusalén
La ceremonia de Exaltación
Capítulo V
LA FRANCMASONERÍA EN RELACIÓN CON LOS ANTIGUOS MISTERIOS

EXTRACTOS
La Masonería es esencialmente un sistema filosófico y religioso expresado bajo la forma de un ceremonial ático, concebido para proporcionar respuestas a las tres grandes cuestiones que reclaman inexorablemente la atención de todo hombre reflexivo: ¿Qué soy yo? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? El candidato masónico entra en la Orden buscando luz sobre estos problemas, y es ante el sollozo y la llamada de su necesidad interior, y por ningún otro motivo menor, por lo que debe abrirse la puerta de los Misterios, para que el postulante penetre a buscar la ayuda que necesita.La Masonería consiste en la búsqueda de algo que ha sido perdido. Ahora bien, ¿qué es aquello que se ha perdido, y de lo que únicamente nos quedan unos secretos sustitutivos, pálido reflejo de esa realidad? Lo que se ha perdido no queda explícitamente declarado, pero está implícito y se expresa bajo la perífrasis los genuinos secretos del Maestro Masón. Es la pérdida de una palabra, o más bien de La Palabra, el Logos Divino o raíz básica y esencia de nuestro propio ser. En otras palabras, el Alma del hombre ha dejado de ser consciente de Dios y ha degenerado en la limitada consciencia terrenal del ser humano ordinario, la condición que describe la parábola cósmica de Adán al ser expulsado del Edén. El Paraíso Perdido es el tema central de la Masonería tanto como lo era de Milton.
Walter L. Wilmshurst

Puede afirmarse que únicamente el Tercer Grado constituye la Iniciación Masónica. El Primer y el Segundo Grado son estadios preliminares que prescriben la purificación de la naturaleza mental y corporal necesaria para cualificar al candidato para el final que corona todo el trabajo. El masón moderno, por muy alto grado que posea, resulta tan poco cualificado para comprender la materia como el profano que nunca ha penetrado en una logia. Ser iniciado, afirma Plutarco, implica morir; no se trata de una muerte física, sino de una muerte moral en la que el alma se separa del cuerpo y la vida sensitiva, y hallándose temporalmente desprendida de él, es libre de entrar en el mundo de la Luz Eterna y el Ser Inmortal. Esto, tras las más severas disciplinas preliminares, se alcanzaba en un estado de trance, en cuya luz se sabía simultáneamente Gloria y Dios. Tras esta experiencia, a la vez terrible y sublime, el alma iniciada era traída de vuelta a su cuerpo temporal y se reunía con sus compañeros de antiguos trabajos para volver a su vida temporal, pero siendo ya consciente de su Vida Eterna sobreañadida a sus conocimientos y potencias, y solo entonces recibía el nombre de Maestro.
Walter L. Wilmshurst

El Arco Real es la conclusión natural, y plenitud, del Tercer Grado. Podría decirse que el grado de Maestro Masón es representado, en términos de teología cristiana, por la fórmula “Sufrió, fue enterrado y se levantó de nuevo”, mientras que el equivalente de la ceremonia de exaltación es “y ascendió a los Cielos”. El grado del Arco Real persigue mostrar esa vida nueva e intensificada que el candidato puede alcanzar así como el exaltado grado de conciencia que conlleva. No se concibe alcanzar mayor nivel posible que aquel donde lo humano se une a la conciencia divina y conoce a la manera que Dios conoce. Y al ser ese el nivel que la Orden del Arco Real trata en sus ceremonias, se concluye que la Masonería, como sistema sacramental, alcanza su clímax y culminación en esa Orden.
Walter L. Wilmshurst

Los Antiguos Misterios, pues, implicaban mucho más que unas meras nociones de filosofía. Exigían también un método filosófico de vida —o más bien de muerte. Pues como Sócrates dijo (en el Fedón de Platón, del que se ha extraído directamente mucha enseñanza masónica y que todo estudiante masónico debería estudiar profundamente), el completo estudio del filósofo, o buscador de la verdad, no es más que morir y estar muerto; una afirmación repetida por Plutarco, iniciarse es morir; y por el Apóstol Cristiano: muero a diario. Su método estaba dividido en dos partes, los Misterios Menores y los Misterios Mayores. Los Menores eran aquellos en los que se impartía la instrucción más elemental, de forma que los candidatos pudiesen comenzar la tarea de purificarse sin dilación y adaptar sus vidas a las verdades desveladas. Los Misterios Mayores hacían referencia al desarrollo de la conciencia dentro de la misma alma, como resultado de la fidelidad a la regla de vida prescrita. Por poner una pobre analogía, los Misterios Menores tenían la misma relación con los Mayores que los Grados Simbólicos tienen con el Santo Arco Real.
Walter L. Wilmshurst

La religión popular no puede, bajo ningún concepto, producir buenos hombres, tal y como es el estándar de bondad mundano. No produce, y no puede producir, hombres divinizados con las cualidades de un Maestro, pues ignora la sabiduría tradicional y los métodos por los cuales ese fin puede ser conseguido. Esa sabiduría y los métodos tradicionales de los Misterios, sin embargo, siempre han gozado de algún testigo viviente en el mundo, a pesar del celo y prohibiciones de la ortodoxia oficial. Desde la supresión de los Misterios en el siglo VI, su tradición y enseñanza ha sido continuada en secreto y bajo distintas fachadas externas, y de esa continuidad surge nuestro actual sistema masónico.
Walter L. Wilmshurst

Abrir la logia del propio ser a más altas verdades no es una tarea sencilla para aquellos que la han cerrado y sellado con sus habituales métodos de pensamiento, prejuicios y desconfianza de todo aquello que no es empíricamente demostrable. Todas estas debilidades deben ser erradicadas, y la logia debe estar debidamente a cubierto de ellas; no tienen lugar ni parte en el mundo interior del hombre reflexivo. También el esfuerzo y la práctica son precisos para lograr la estabilidad de la mente, el control de las emociones y los pensamientos, y para adquirir el sosiego interior y la armonía de todas nuestras partes. Al igual que la ceremonia formal de apertura de la logia se lleva a cabo exclusivamente por la labor conjunta de sus oficiales, la debida apertura de nuestro ser interior a Dios únicamente puede lograrse por medio del consenso de todas nuestras partes y facultades. La ausencia o fallo de cualquiera de ellas invalida el conjunto. El Venerable Maestro no puede abrir la logia por sí solo; únicamente puede invitar a sus hermanos para que le ayuden a realizar esa tarea por medio de un proceso concertado y con las voluntades de sus subordinados al unísono. E igualmente sucede para abrir la logia del alma humana.
Walter L. Wilmshurst

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