"José Estrañi, su estilo festivo y su tendencia irreverente", de José Ramón Sáiz Viadero.

JOSÉ RAMÓN SAIZ VIADERO es un escritor que ha recuperado gran parte de la historia reciente de Santander y Cantabria, aparte de ser testigo y protagonista comprometido en la lucha por la democracia durante la Dictadura y la Transición
José Estrañi
Sin Sáiz Viadero hubieran permanecido en el olvido muchos elementos fundamentales para entender lo que ha sido y lo que ha llegado a ser la ciudad de Santander. También de la Masonería en Cantabria y de masones cántabros sabe Sáiz Viadero. Reproducimos a continuación un artículo que publicó en La Revista de Cantabria (Caja Cantabria), en octubre-diciembre de 2006, sobre el periodista D. José Estrañi, que fue masón.
Todos los años, la Asociación de la Prensa de Cantabria concede sus premios a los periodistas cántabros que han destacado en el desempeño de su función. Estos galardones llevan el nombre de José Estrañi en recuerdo de la labor profesional que realizó en nuestra región este periodista manchego, fundador, en el año 1914, de la Asociación de la Prensa, y presidente de la misma, cargo para el cual fue reelegido en tres ocasiones. El Ayuntamiento de Santander le dedicó, en 1932, un banco con una fuente en la Avenida de la Reina Victoria, y, más recientemente, una placa de bronce (1983) y una calle.
José Estrañi Grau nació en Albacete el día 5 de agosto de 1840 y falleció en Santander el 29 de diciembre de 1919. Pasó su

 infancia y juventud en León, Oviedo, Madrid y Medinaceli, y en el año 1860 llegó a Valladolid, donde estuvo empleado en las oficinas del Ferrocarril del Norte y en las de la Fábrica de Gas. Al mismo tiempo fundó algunas publicaciones periódicas, y participó en actividades teatrales, compartiendo tertulias con el cántabro Macías Picavea, con Emilio Ferrari y con Felipe Sánchez Román. Por sus propias confesiones sabemos que también se inició allí como conspirador de pocas pretensiones y escaso éxito, siempre al servicio de las ideas republicanas de Manuel Ruiz Zorrilla, las mismas que profesaba el médico pasiego Enrique Diego-Madrazo, además de, entre otros, Pedro Gutiérrez-Solana, abuelo del pintor de igual apellido.
PACOTILLAS Y CARTAS DIABÓLICAS
El 13 de agosto de 1865 aparecía en Valladolid el primer periódico satírico de la caterva que Estrañi promovió en sus años mozos. Se llamaba “La Murga”, y con su breve trayectoria acabó la censura gubernamental en el mes de febrero del año siguiente. “El hipócrita” no pudo pasar ni siquiera del primer número, pero “El trueno gordo” consiguió una gran aceptación entre los lectores. Sus ataques al Gobierno isabelino fueron la causa principal de sus problemas con la censura.
En Madrid, León y Valladolid, principalmente, se inició Estrañi como comediógrafo, obteniendo algunos éxitos de público que él, más tarde, minimizaría al escribir sus memorias. “El rizo de doña Marta” (1874), estrenada por la destacada actriz Carmen Cobeña, fue uno de sus éxitos, seguido después en Santander por “La inundación” (1880), con música de Belisario Gayé, o “Santander por dentro” (1892), con partitura del maestro Isaura.También fue actor ocasional, sobre todo durante su prolífica estancia en León.
En 1877 abandona la ciudad de Valladolid –impulsado por razones políticas, ya que se veía obligado a elegir entre desterrarse o entrar en prisión–, y se establece en Santander como redactor-jefe del periódico republicano-federal “La Voz Montañesa” (1874-1895), donde comienza a publicar unos comentarios satíricos en verso que denominó pacotillas.
Estos comentarios se hicieron tan célebres que se reproducían en todos los periódicos de España, antes de editarse recogidos en un volumen (1883), y, posteriormente, en otra colección compuesta por doce tomos (1900-1901). Allí fue donde Estrañi implantó la costumbre de confeccionar el periódico durante la noche, para que pudiera llegar a primera hora de la mañana a los lectores.
En 1886 resultó absuelto de la acusación de injurias al Rey por el contenido de unos versos; pero al año siguiente es encausado nuevamente por una pacotilla, considerada irreverente en su tratamiento de una peregrinación religiosa a Las Caldas de Besaya, en la que citaba a la Virgen de Las Caldas como la Virgen del Reúma. Por este motivo fue condenado a tres años y medio de prisión, aunque evitó su ingreso carcelario gracias a una ocultación.
Mientras tanto, seguía colaborando en la prensa a través de sus “Cartas infernales”, que también se publicarían, hacia 1888, en forma de libro. Esta experiencia, finalizada con un indulto regio, así como otras similares de mejor término, le llevarían a escribir una especie de síntesis autobiográfica en verso, donde decía: “Mil veces procesado/como escritor he sido/, y una fui condenado/, según es bien sabido”.
Reincorporado a su trabajo, en 1895 es acusado de nuevo, esta vez del delito de injurias, por la publicación de una carta, que resultó falsa, contra el industrial sevillano José Cobián. El llamado popularmente caso  Cobián –que se publicó en las páginas del periódico en forma de folletón, y después como opúsculo– y el enfrentamiento producido, por esta causa, en la redacción de “La Voz Montañesa”, motivó la salida de Estrañi de la publicación en la que llevaba trabajando dieciocho años, y su incorporación a un nuevo proyecto, encabezado por los abogados Manuel y Buenaventura Rodríguez Parets, y por Mauricio Rodríguez Lasso de la Vega. Este incidente implicó también una dura polémica, y la posterior ruptura con Antonio María Coll y Puig, el director-propietario de su anterior trabajo, a quien manifestaría por el correo pacotillero su inquebrantable fortaleza: “Están fuertes los acoplos/ de mis razones formales / ¡y no se tiran a soplos/murallas y catedrales!”.
UN PERIÓDICO DEL SIGLO XX
El nacimiento del diario “El Cantábrico” (1895-1937), sin duda el más leído de la provincia durante mucho tiempo y el de mayor influencia entre sus lectores, centró todos los esfuerzos de Estrañi, quien consiguió convertirlo, desde sus comienzos, en un periódico para el siglo XX, mucho más adelantado en el concepto informativo y en la tecnología utilizada que sus oponentes finiseculares. Durante los primeros seis meses logró colocarlo en el primer puesto, con más de 4.500 ejemplares de tirada, hasta llegar a los 13.000 del año 1916. El combativo periodista se mantuvo en la dirección durante veinticinco años, desde el 4 de mayo de 1895 hasta su fallecimiento, en 1919, y mantuvo incluso una participación empresarial en el mismo.
A lo largo de su existencia fueron muy frecuentes los disgustos ocasionados por las agrias polémicas mantenidas con antagonistas ideológicos, pero también con otros periodistas de su misma área de influencia. Estos conflictos estuvieron acompañados de suspensiones, procesamientos, desafíos no consumados (fue famoso el promovido por el iracundo alcalde Lino de Villa y Ceballos) e, incluso, excomuniones.
Con el Obispado santanderino tuvo varios enfrentamientos, que ya se iniciaron cuando, en 1881, la autoridad eclesiástica decidió excomulgar a los “directores, redactores, corresponsales, impresores, empresarios, suscriptores, repartidores y lectores” de tres periódicos locales: “La Voz Montañesa”, “El Diario de Santander” y “La Montaña”. Estrañi, indignado, le respondió en una de sus pacotillas: “Yo inocente en paz vivía/ sin meterme con el clero/; y en cierto solemne día/ me excomulgó a sangre fría, Vicente Calvo y Valero”.

También hubo de vérselas con la autoridad civil, hasta el extremo de que solo la intervención mediadora de su amigo Benito Pérez Galdós le libró de un nuevo encarcelamiento en el año 1909.

SU AMISTAD CON GALDÓS
Su mejor amigo fue el autor de los “Episodios Nacionales”, hasta el extremo de que las páginas de “El Cantábrico” pueden considerarse el mejor referente informativo de las andanzas profesionales y personales de Galdós. Su residencia de “San Quintín” fue, a partir de su inauguración, en el año 1894, refugio tertuliano para José Estrañi y otros muchos; y hasta su jardín, situado frente a la bahía de Santander, llegaron también las máximas figuras de la escena española que pasaban de gira por la ciudad, y mostraban su interés por conocer o saludar a la gloria nacional que era entonces don Benito. María Guerrero y Margarita Xirgu, dos eminentes actrices, serían visitantes del palacete de La Magdalena.
La locuacidad y el humor picante de Estrañi contrastaba con el proverbial mutismo de Pérez Galdós, con quien colaboró el periodista para convertir en ópera su novela “Doña Perfecta”, pero este proyecto quedó sin estrenar, posiblemente por no haber alcanzado sus resultados el suficiente nivel de calidad exigido.
El arraigo de Estrañi en Santander fue de tal magnitud que muchas veces quiso dejar de ello testimonio por escrito, como en unos versos suyos en los que hace profesión de fe regional: “¿Y había yo de irme de La Montaña/, que es el rincón más bello que tiene España/, aunque lejos me dieran un Potosí?/, ¡Tierruca queridísima! ¿Yo abandonarte?/ A jamón y perdices en otra parte/ ‘fisanes’ (1) y borona prefiero en ti”.
Prolífico como periodista y escritor, cultivó además aficiones tan diferentes como la poesía, el teatro o los toros, junto con la política, otra de sus pasiones juveniles que pronto dejó de interesarle desde un punto de vista militante. A su etapa revolucionaria, contada en un largo artículo que lleva por nombre “Yo, conspirador”, y que después sería prácticamente integrado en su “Autobiografía humorística” (1918), corresponderá posiblemente su iniciación en la masonería, aunque solamente tengamos documentada su pertenencia a la Logia “Alianza 5” número 57, de Santander, entre los años 1886 y 1888, con el sobrenombre de Virgilio y el grado tercero.
Su estilo festivo y su tendencia directamente irreverente y anticlerical creó escuela en Santander, sobre todo entre algunos de sus más aventajados discípulos, redactores todos de “El Cantábrico”: Fernando Segura (Nostradamus), Eduardo Torralva Beci (Nevermore) y Aurelio Piedra (Stone), además de otros imitadores que frecuentaban las páginas de los periódicos de la competencia, en una época en la que ésta la componían, al menos, tres cabeceras diarias: “El Cantábrico”, “La Atalaya” y “El Diario Montañés”, hasta que, en 1914, aparece el nuevo rotativo “El Pueblo Cántabro”.
Pese a la estrecha amistad que desde antiguo le unía a Galdós, no consiguió de éste un prólogo para su último libro, debido posiblemente a la lejanía y al mal estado de salud del maestro. En 1918, cuando estaba preparando la segunda edición de su autobiografía, solicitó unas líneas que encabezaran un recorrido humorístico muy descafeinado por una existencia tan enrevesada como fue la suya, pero nunca lo recibió.
Al final, la muerte uniría de nuevo, y esta vez para siempre, a ambos escritores, lo mismo que su amor a Santander les había conectado. Estrañi falleció en Santander, el 29 de diciembre de 1919, después de una larga enfermedad, solicitando los auxilios religiosos. No sucedió lo mismo con Galdós, que murió en Madrid, unos días más tarde, el 3 de enero de 1920.
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