Los versos de oro de Pitágoras (582 a.C. – 507 a.C.)

Los versos de Oro
I Honra ante todo a los Dioses Inmortales, tal cual lo establece la Ley.
II Venera el Juramento. Venera asimismo a los nobles Héroes.
III E, igualmente, a los Iniciados de la Tierra, venéralos, ejecutando lo que dicen las reglas de la Ley.
IV Honra también a tus padres, así como a tus parientes.
V En cuanto a los demás,
 haz tu amigo al que se distingue por su virtud.
VI Presta atención a sus consejos y a sus virtuosos actos.
VII Evita sentir odio hacia tu amigo pro uan falta pequeña
VIII Hazlo así mientras puedas; recuerda que el poder habita cerca de la necesidad.
IX Aprende, pues, por una parte, que estas cosas son así; por otra, acostúmbrate a conquistar y superar lo siguiente:
X La gula ante todo, luego la pereza, la lujuria y la ira.
XI Y no hagas jamás nada vergonzoso. Ni con otros ni tú solo.
XII Sino que, ante todo, respetate a ti mismo.
XIII Enseguida ejerce la justicia en actos y en palabras.
XIV Y no tomes por hábito el comportarte sin reflexión.
XV Recuerda que morir es el destino de todos.
XVI Y, en cuanto a las riquezas, acepta ora el adquirirlas, ora el perderlas; recuerda que las bondades de la fortuna son inciertas.
XVII Respecto a los sufrimientos que los mortales reciben mediante los destinos divinos,
XVIII Soporta con paciencia los que te toca en suerte, sea lo que sea, y nunca te quejes o indignes.
XIX Aunque será conveniente curarte del mejor modo que puedas, reflexionando de esta manera:
XX Que a las gentes de bien, no muchas de estas cosas da el Destino.
XXI En cuanto a las muchas palabras que salen por boca de los hombres, buenas las unas, malas las otras,
XXII Ni te turben ni te dejes influenciar por ellas.
XXIII Y si alguna mentira se pronuncia, sopórtala con paciencia y dulzura.
XXIV Y lo que ahora voy a decirte, mucho cuidarás de cumplirlo en toda ocasión:
XXV Que nadie con palabras te induzca, ni con actos.
XXVI A hacer o decir aquello que no sea para ti lo mejor.
XXVII Reflexiona antes de la acción para que no se produzca nada censurable.
XXVIII Es, en efecto, propio de hombres débiles, hablar y actuar irreflexivamente.
XXIX Por tu parte, cumple en realizar aquello que posteriormente no te cause pena o te obligue a arrepentirte, XXX Absteniéndote siempre de aquello que no conozcas;
XXXI Pero aprendiendo todo cuanto te sea necesario, con lo que tu vida será la más dichosa.
XXXIINo es preciso de la salud de tu cuerpo, tener negligencia.
XXXIII Pero en la bebida, el alimento y la gimnasia, que la medida sea observada.
XXXIV Llamo medida a lo que nunca te apenará.
XXXVHabitúate a llevar un género de vida limpio y decente pero no lujoso.
XXXVI Y evita siempre hacer lo que pueda provocar envidia.
XXXVII No seas avaro tampoco; en todas las cosas excelentes guarda la medida.
XXXVIII No gastes inoportunamente, como aquel que ignora la decencia y la medidad de lo adecuado.
XXXIX Haz, pues, aquello que no te perjudique, y reflexiona antes de obrar.
XL No permitas que el sueño cierre tus ojos.
XLI Antes de haber examinado cada uno de tus actos del día:
XLII ¿En qué he cometido error? ¿Qué he hecho? ¿Qué no he hecho que debía hacer?
XLIII Empezando por el primer punto ve hasta el fin, y enseguida:
XLIV Si osn ocsas vergonzosas las que has cometido, castígate, pero si has obrado bien, alégrate.
XLV Practica de este modo con todo tu esfuerzo y medita acerca de ello; es preciso que ames esta práctica con todo tu corazón.
XLVI Ella te pondrá sobre las huellas de la divina virtud;
XLVII Te lo aseguro por aquel que a nuestra alma ha transmitido la Tetraktis, fuente de la eterna naturaleza. (Tetraktis o Cuaternario es el número 10 formado por la suma de los cuatro primeros números: 1+2+3+4).
XLVIII Pero sólo emprende una tarea, tras haber rogado a los dioses poder acabarla.
XLIX Y habiéndote transformado en el amo de las cosas,
L Conocerás la naturaleza del hombre y de los Dioses inmortales;
LI Y hasta qué punto los elementos se separan y hasta donde permanecen unidos.
LII Y conocerás, en la medida de la justicia, que la Naturaleza es Una y en todo semejante.
LIII Con lo que jamás esperarás lo que no puedes esperar ni habrá nada oculto para ti.
LIV Y sabrás también que los hombres atraen voluntariamente y por propia elección los males que les aquejan.
LV Desgraciados como son, no ven ni alcanzan a comprender que el bien está junto a ellos.
LVI Pocos son los que saben librarse de desgracias.
LVII Tal es la suerte que extravía el espíritu de los mortales; y como objetos que ruedan,
LVIII De una parte a otra van, sufriendo males infinitos.
LIX Triste compañera la Discordia, los extravía sin que de ello se den cuenta,
LX innata en ellos, es preciso no excitarla y provocarla, sino por el contrario, ceder para poder evitarla.
LXI ¡Oh Zeus padre! De muchos males libraría a los hombres,
LXII Con sólo mostrarles de qué divinidad se ayudan.
LXIII En cuanto a ti, ten confianza, puesto que son de raza divina los mortales
LXIV A quien la naturaleza sagrada presenta la revelación de los misterios ocultos.
LXV Si en ello te interesas, triunfarás en lo que te ordeno,
LXVI Y tras haber curado tu alma, la salvarás de sus penas.
LXVII Pero evita los alimentos que hemos señalado en los libros “Purificaciones” y “Salvación del alma”.
LXVIII Utiliza tu razón y examina cuidadosamente cada cosa,
LXIX Dejando que te guíe y dirija la comprensión que viene de lo alto, que es la que debe llevar las riendas.
LXX Luego, tras el abandono de tu cuerpo, si llegas al éter libre,
LXXI Serás inmortal. Un dios incorruptible. Y la Muerte ya no tendrá sobre ti dominio alguno.
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