El carácter especulativo de la Masonería de Oficio, de Paul Naudon.

EL CARÁCTER ESPECULATIVO DE LA MASONERÍA DE OFICIO

Ext. del cap. V de Les origines de la Franc-Maçonnerie. Le sacré et le métier (nueva edición aumentada y corregida de Origines religieuses et corporatistes de la Franc-Maçonnerie), París, Dervy-Livres, 1991, pp. 247-262.
Suele oponerse a la Masonería especulativa moderna la antigua Masonería operativa. En realidad, las organizaciones masónicas que hemos estudiado –colegios, asociaciones monásticas, cofradías, comunidades de oficio, compagnonnages- jamás han tenido un carácter estrictamente profesional. Todas estas asociaciones perseguían tanto fines religiosos,
 caritativos y sociales como objetivos de defensa de los intereses del oficio.
No insistiremos de nuevo sobre el carácter iniciático, religioso y cultural de las cofradías y comunidades de oficio, en particular de las de los masones. El obrero no puede pretender a la cualidad y la perfección de su trabajo más que integrando éste en la obra creadora de Dios, el Gran Arquitecto del Universo, el único dispensador del Bien y de lo Bello. El hombre, por su conducta y por su esfuerzo, se hace merecedor de la Gracia indispensable de esa ayuda de lo Alto. Solamente añadiremos que todos los antiguos estatutos mencionan expresamente los deberes religiosos, morales y sociales que se imponen a los hermanos. Se exigía que el iniciado fuese libre de nacimiento (es decir, que no fuese de condición servil ni ligio), hijo legítimo, de buenas costumbres, religioso, honesto y tranquilo. Aquellos que no cumplían con sus deberes, que llevaban una vida libertina o poco cristiana, o que eran reconocidos como infieles a sus esposas, no podían ser admitidos en la sociedad o debían ser excluidos.
El Manuscrito Regius contiene un verdadero tratado de urbanidad. Prescribe velar por la propia educación y por la de los suyos, por la cortesía, por las maneras distinguidas, por las buenas costumbres, por el dominio de sí mismo.
El Manuscrito Cooke da fe de la perseverante voluntad de la Masonería por exigir de sus adeptos un gran espíritu de rectitud. Prohibe conservar a un aprendiz “noctámbulo”, pues no podría efectuar debidamente su trabajo durante el día, y sus compañeros podrían quejarse. Ningún maestro debe intentar suplantar a otro. Si
un masón mantiene alguna diferencia con sus compañeros, debe someterse a la decisión del maestro o del vigilante que le reemplaza y reconciliarse con sus compañeros en el primer día festivo. Un maestro o un compañero que haya infringido alg ún artículo debe ser juzgado ante una asamblea general de la logia. Si no reconoce sus errores, es expulsado, y entregado al shériff o al alcalde para ser encarcelado.
Philibert Delorme, en su Traité d’Architecture, recomienda, con la ciencia requerida para el ejercicio del oficio, la probidad, la franqueza, la delicadeza “que deben distinguir al masón; no debe ser ni exagerado, ni fanfarrón, ni orgulloso, ni presuntuoso”.
Recordemos finalmente que las cofradías y oficios perseguían fines sociales. Éstos no se limitaban a las ayudas caritativas a los hermanos que tuvieran necesidades. Todas las comunidades de oficio miraban m ás allá. A menudo desempeñaron un verdadero papel político. Estuvieron siempre en el origen de las franquicias
comunales. Las “maestrías” siguieron siendo, particularmente en Italia, en el Norte y en Inglaterra, los órganos de la administración municipal, participaban en la policía, en los cargos financieros y urbanísticos, e incluso en la defensa de la ciudad, encargándose de reclutar las tropas. Es superfluo, en consecuencia, citar todas las cuestiones de orden político y social que debían ser discutidas. No indagaremos, por lo demás, las razones que a veces suscitaron –especialmente en Francia- la desconfianza del poder real, tanto más cuanto que a menudo albergaban a hombres eminentes, y por ello peligrosos (1).
En suma, a las preocupaciones “operativas” de los oficios se mezclaban siempre preocupaciones de orden especulativo. Tales cosas eran estrechamente solidarias e inseparables, al menos en su estadio original, de modo que era difícil establecer una demarcación entre lo temporal y lo espiritual, entre el oficio y lo sagrado.
La cuestión es de gran importancia para el oficio de los constructores en razón de los conocimientos y de las
cualidades que se les exigía, y también de su objeto, que atañe primordialmente a la vida y al destino humanos.
Esta enseñanza profunda y verdaderamente iniciática de la Masonería de oficio aparece en el ritual, que era practicado en logia en los trabajos y las ceremonias, y en los comentarios de los ritos y de los símbolos que se daban a título de instrucción.
1. Sobre el papel político desempeñado por las corporaciones en Francia, basta recordar sus intervenciones en tiempos de Etienne Marcel, de Caboche, de la Liga.
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