Discurso del Canciller de la República Francesa, en el 275º aniversario de la Masonería Francesa.

DISCURSO DE DOMINIQUE DE VILLEPIN, Canciller de la República Francesa, en el 275º Aniversario de la Masonería Francesa.
 
Señoras y Señores Grandes Maestros
 
Señoras y Señores
 
Queridos amigos:
 
Estoy feliz de recibirlos en “Quai d’Orsay” (sede de la Cancillería), en el templo de la brújula y del reloj, a vosotros, hombres y mujeres de la escuadra y del compás, en ocasión del 275º aniversario de la fundación de la Masonería francesa. Aquí reunidos, ustedes forman el símbolo de la profunda diversidad como es la vuestra. Diversidad de vuestras obediencias, diversidad de vuestras escuelas de pensamiento, diversidad geográfica, puesto que ustedes son
nacidos en Francia, pero también en toda Europa, en el Próximo y Medio Oriente y en África. Más lo importante es ver en qué punto esta diversidad se encarna en un espíritu común, en ideales compartidos, forjados en el curso de los siglos con una constancia y una fidelidad particulares.
 
Hoy, en un contexto cargado de temores y de irracionalidad, los valores del progreso, de tolerancia y de libertad, son más que nunca indispensables para devolver al hombre el lugar que le restituya en nuestra acción – la primera de todas. En el alba de un nuevo siglo donde las identidades y las civilizaciones juegan un rol cada vez más central, vuestros ideales son aquellos que pueden permitir a cada cultura enriquecerse mirando a las otras.
 
Es pues natural que el Canciller se haya asociado a esta conmemoración. En tanto que la historia de vuestra corriente de pensamiento está, desde su origen, marcada por la dimensión internacional.
 
Es precisamente desde Inglaterra, donde ella se había organizado al comienzo del siglo XVIII, que vinieron los primeros representantes de la Franc-Masonería. Partidarios de los Estuardo destronados, fundaron la primera Logia en Francia, reconocida en 1728 con un primer Gran Maestro inglés, el duque de Wharton.
 
Después de comienzos difíciles – estaba sometida al hostigamiento policial y acusada de ser una “secta” al servicio del extranjero – se desarrolló al convertirse en una de las fuentes de inspiración del Iluminismo, y luego, de la Revolución francesa.
 
Su rol fue igualmente destacado en la guerra de la independencia americana, y estamos seguros, en el espíritu de la gran figura de La Fayette, amigo de los “insurgentes” y de George Washington por quien la franc-masonería francesa tiene, a justo título, una gran admiración. Recordemos también que fue León Bourgeois, premio Nóbel de la paz, uno de los Padres fundadores de la Sociedad de las Naciones.
 
Esta dimensión internacional está muy ampliada y ramificada, mediante una dispersión por numerosos países extranjeros. En Europa seguramente, pero también más allá, desde África hasta el Asia, desde América del Norte hasta América latina, donde su rol fue determinante en la ascensión a la independencia de numerosos países.
 
Hoy, alrededor de tres millones de miembros defienden sobre la faz de la tierra, los valores que son los vuestros, y yo saludo vuestro esfuerzo por federar, tanto en el plano internacional como en el nacional, las diferentes corrientes que ustedes componen: creación en 2001 del Instituto masónico de Francia 2001, y primera reunión, en setiembre de 2002. del Espacio masónico europeo, y dentro de algunos días la segunda reunión a celebrarse en la ciudad de Lyon.
 
Francia es heredera de vuestra historia, como la franc-masonería es heredera de la historia de Francia.
 
No rehusaré el ejercicio que consiste en determinar el rol de la Masonería en la historia de Francia. Algunos nombres ilustres son suficientes para mostrar su importancia: Marat, Talleyrand, Le Chapelier, Condorcet, pero también Laclos, Sieyès, Guillotin, Desmoulin, Danton, Hébert, y tantos otros.
 
La franc-masonería ha formado, en gran parte, la estructura de los Clubes revolucionarios que han conducido a Francia hacia la República, “con sus sombras y sus luces”, como lo señalara Michelet.
 
Vuestros predecesores, convertidos ellos también en víctimas del Terror a partir de 1793, imprimieron su estilo al Directorio, luego al Consulado, consolidando las conquistas revolucionarias, varios de ellos, por otra parte, nacidos en la familia Bonaparte.
 
La masonería francesa ha evolucionado su concepción en materia religiosa. La primera Constitución del Gran Oriente de 1849 afirma que la franc-masonería, “institución eminentemente filantrópica, filosófica y progresista tiene por base la existencia de Dios y la inmortalidad del alma”; en 1865 agrega: “la libertad de conciencia” como “un derecho propio de cada hombre” y en 1877, se efectúa el gran cambio que consiste en considerar a “las concepciones metafísicas como siendo del dominio exclusivo de la apreciación individual de sus miembros”, y también a “rechazar toda afirmación dogmática”. No se puede dejar de encontrar en este debate elementos de preguntas muy contemporáneas, sobre todo a nivel europeo.
 
Vuestra historia se sitúa en el centro de los principales debates que han hecho evolucionar a Francia. Debates sobre la libertad, con Blanqui; debates sobre la cuestión de los derechos del hombre, con la abolición de la esclavitud por Víctor Schoelcher; debates sobre la idea misma de República, proclamada por Gambetta un famoso 4 de setiembre de 1870 en el “Hotel de la Ville”; debates sobre la cuestión escolar, con los principios de la instrucción pública puestos en práctica por Jules Ferry.
 
Tantos aportes decisivos de hoy, en el centro de nuestra sociedad. Instrucción en la vida asociativa y sindical, el rol de la mujer y de la familia en la definición de las esferas respectivas del Estado y de las religiones con la llamada ley “de separación” de 1905: es hoy, en la encrucijada de todas las mutaciones del mundo, que puede medirse la importancia de esas principios indispensables. El conjunto de las obediencias francesas tienen por divisa aquella de la República: “Libertad, Igualdad, Fraternidad”.
 
En numerosos temas, vuestro movimiento ha estado muy por delante de su tiempo: sólo mencionaré aquí la admisión de mujeres en las “logias de adopción” presididas por la duquesa de Borbón, desde 1774; luego la apertura efectiva de las Logias a las mujeres con la entrada de María Deraime en 1881.
 
En fin, la franc-masonería ha llevado su parte de carga en la lucha contra los totalitarismos: prohibida en 1941 bajo Vichy, víctima de deportaciones bajo el régimen nazi, de persecuciones bajo el régimen franquista de España y bajo los regímenes comunistas en los países donde ella representaba una fuerza real, Polonia, Rumania, Bulgaria, Checoeslovaquia y Hungría.
 
Los desafíos contemporáneos llaman a un nuevo compromiso para pensar y reestructurar el mundo.
 
Una herencia tal como la vuestra – entiendo la palabra herencia en su acepción viva – os compromete al aporte de una contribución esencial a los grandes problemas del mundo.
 
La globalización de las amenazas a las que estamos enfrentados: el terrorismo, la proliferación de las armas de destrucción masiva, la criminalidad organizada, la destrucción del medio ambiente, muestran bien que la humanidad entera está hoy embarcada en la misma nave, sometida a las mismas intemperies, colocada delante de los mismos deberes.
 
A nosotros corresponde tomar las medidas, buscando definir una nueva arquitectura internacional, que coloque el respeto y el diálogo en el centro de la comunidad mundial. Una arquitectura que se apoye sobre una triple exigencia de justicia, de solidaridad y de responsabilidad. Debemos pensar en profundizar las relaciones entre los pueblos, pero también entre los hombres y las sociedades. Fieles a vuestros valores y a vuestra tradición, están bien ubicados para participar en esta gran aventura humana.
 
Hoy se formulan algunas preguntas cuyas respuestas nos corresponde encontrar.
 
¿Cómo luchar eficazmente contra los extremismos, los integrismos y los fundamentalismos?
 
Desgraciadamente vemos que se opera una desviación y una instrumentalización de los hechos religiosos, como origen de tensiones y a veces de conflictos que amenazan el equilibrio del mundo. Es nuestro deber resistir a esta espiral nefasta, y de construir un camino de reconciliación y de paz entre identidad y apertura hacia el otro.
 
Nos preparamos para festejar el centenario de la ley de 1905. No podemos ocultar la verdad de que en su tiempo ella desgarró literalmente a Francia. Felizmente los espíritus están apaciguados y un “modus vivendi” sereno entre los poderes públicos y los cultos, fundado sobre le principio de la laicidad, ha permitido salir de la “querella de las dos Francias”. Pero este equilibrio no ha sido adquirido definitivamente, y debemos velar para que nuevas divisiones no vengan a perturbarlo.
 
En los orígenes de una identidad europea aún por definir, ciertos desafíos morales, políticos, sociales y económicos están hoy en el centro de interrogantes indispensables para el futuro, de la bioética a la definición de la vida y de los derechos inalienables que a ella se unen; del desarrollo sostenido a la solución prevista para los más débiles y a las posibilidades en nuestras sociedades; del lugar del trabajo a las relaciones entre países ricos y países pobres. Unidos al progreso pero cuidadosos de no limitarlo a sus aspectos tecnológicos o materiales, participemos de la misma búsqueda, la misma exigencia de asegurar un futuro mejor para el hombre. Nos corresponde desarrollar una reflexión y de forjar conceptos operativos, imaginar juntos un modelo de humanismo moderno y renovado.
 
En fin, una mejor comprensión del otro es siempre más necesaria a escala internacional, comprendida entre países aliados y amigos desde larga data.
 
El general de La Fayette, ese “héroe de dos mundos”, para retomar los términos de vuestros predecesores de 1830, nos proporciona ese símbolo de fuertes lazos culturales y políticos con el mundo anglo-sajón.
 
La creación reciente de la “Orden masónica de La Fayette” va a reforzar ese rol de “pasaje de fronteras” que ustedes siempre han sabido desempeñar.
 
Queridos amigos, yo creo, como vosotros, en los hombres de buena voluntad. Hoy, más que nunca, el mundo exige que ellos respondan “presente” ante las grandes misiones que nos aguardan.
 
Compartimos una visión y una aspiración: aquella de un mundo más justo, de un destino más abierto, de una fraternidad más grande entre los hombres.
 
Deseo a todos un éxito pleno en vuestros trabajos.
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